¿A quién le importa?

Shiva (Wikipedia)
Shiva (Wikipedia)

 

¿A quién le importa?

Aunque no es éste, un planteamiento actual, existe una constante que incide en la insistencia de que la historia se repite. Frases dichas por personajes celebres como Charles Darwin: “La historia se repite. Ese es uno de los errores de la historia” o como la de Nicolás Avellaneda:Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla” aluden a ese sentimiento.

También hechos históricos, como las dos guerras mundiales, parecen reforzar esa supuesta repetición de la historia. Por ello, no es descabellado teorizar si la historia está fraguada o sigue una trayectoria cíclica.

En la Europa precristiana, la concepción cíclica de la historia se encontraba fuertemente arraigada en ese periodo. “Durante el año, las cuatro estaciones se suceden siempre en el mismo orden”. “El Sol cada mañana nos alumbra sin faltar a su cita y, a la vez, no es nunca exactamente el mismo Sol”. Estos, son algunos de los argumentos que basado en la observación del mundo natural, exponían como ejemplo.

Además, en numerosos pueblos ágrafos (se denomina así, a sociedades que carecieron de métodos de escrituras y obviamente de soportes escriptorios para perpetuar su memoria) está presente la concepción cíclica. En estas sociedades se utilizaba la tradición oral transmitiendo de esta forma su historia y experiencias. Lamentablemente, dichos grupos humanos, fueron sometidos por otros pueblos invasores denominados cultos, anulando su cultura, creencias y borrando casi todo su legado. Algunos investigadores lograron, no hay crimen perfecto, localizar restos arqueológicos de estas poblaciones que demostraron su existencia, ayudando el estudio de las formas de vida de aquellas sociedades extintas.

De igual forma, hayamos dicho pensamiento en las grandes civilizaciones de la antigüedad, como en el antiguo Egipto (la doctrina del Eterno Retorno). En el mundo islámico (Ibn Jaldún).En China y su ciclo dinástico. En las religiones Dhármicas, y entre los griegos, los pitagóricos y los estoicos.

Pero todo cambia con la llegada del judeocristianismo, el cual, introduce la concepción lineal de la historia. Basado en el concepto bíblico de la expulsión del hombre del jardín del Edén, el hombre no es libre de hacer lo que quiera, está obligado someterse a los designios de un ser superior (Dios), en un camino y una dirección única hasta el final escatológico previsto por ese ser superior: El Apocalipsis.

Y es a partir de este acontecimiento, la historia es concebida oficialmente de forma lineal. La mayoría de los historiadores están de acuerdo con este concepto, aunque desde otro punto de vista. Para estos, el hecho de la evolución humana es la legitimación de esta concepción. Pasamos de una etapa primitiva, a la actual, dominada por la tecnología, todo ello en una línea rectilínea.

Trazando mentalmente una imagen que pudiera representar dicha afirmación, lo primero que se nos proyecta, es algo semejante a la técnica que se utiliza en el dibujo en perspectiva. Imaginemos una línea lejana horizontal que representaría el futuro, un punto de fuga, la humanidad, caminando linealmente hacia ese futuro.

Un camino lineal.
Un camino lineal.

Entonces: ¿Por qué se insiste en que la historia se repite? ¿Podría estar equivocada la concepción lineal de la historia?

Algunos eruditos en el tema, aseguran que existen restos arqueológicos que dejan entrever la posibilidad de la preexistencia de otra humanidad antes que la nuestra. Así como ciertos textos, donde se testimoniaba de grandes cataclismos ocurridos, guerras, epidemias, que provocaron la desaparición de la civilización existente en ese periodo, retornando a comenzar desde cero. Los autores de mencionados textos, no tenían duda alguna, la historia era cíclica.

Todo esto nos puede parecer ficción, agorero o simplemente importarnos un pimiento. Pero aunque reneguemos del tema, somos conscientes de que, en estos momentos más que en ningún otro de nuestra historia, algo flota en el ambiente a niveles globales que hace plantearnos estas cuestiones. Nos inquieta el presente y buscamos en el pasado nuestro futuro. Coexiste una convicción de que estamos próximos al final de un ciclo, que somos poseedores de determinados fragmentos de este enorme rompecabezas denominado historia que no encajan, como si no pertenecieran a este puzzle ¿existió otro?

Sabemos que la historia ha sido y sigue en la actualidad manipulada. Y esto es así porque siempre ha sido escrita desde un punto de vista: La de los vencedores. Muy pocas referencias se dan de los vencidos, y en la mayoría de los casos, los intereses políticos y el tiempo se ha encargado de enterrar esos testimonios y hacerlos desaparecer. La propia concepción de la linealidad es una herramienta para limitarnos nuestro campo de visión. Imaginemos que, por ejemplo, vivimos en un edificio donde la luz del exterior solo entra por una ventana. Día tras día nos obligaría contemplar el mismo paisaje, algo parecido al mito o alegoría de la caverna de Platón (libro VI y libro VII de la República). Al contrario de si dispusiéramos de otras ventanas, el paisaje sería vislumbrado desde distintos ángulos, observando diferentes matices.

Platón  (427 a. C. / 345 a. C.) Wikipedia
Platón (427 a. C. / 345 a. C.) Wikipedia

 

Día tras día nos obligaría contemplar el mismo paisaje, algo parecido al mito o alegoría de la caverna de Platón (libro VI y libro VII de la República). Al contrario de si dispusiéramos de otras ventanas, el paisaje sería vislumbrado desde distintos ángulos, observando diferentes matices.

Similar ejemplo sería aplicable al concepto cíclico o esférico, como algunos denominan. En este caso la experiencia diaria sería recurrente, periódica, y posiblemente, pienso, que previsible y hasta evitable.

Llegado a este punto, me pregunto si realmente es importante conceptuar cómo se estructura nuestra historia. A nivel antropológico, efectivamente, es significativo. Pero ¿y a nivel práctico, es útil? ¿Sería nuestro presente diferente de haber adoptado el modelo cíclico? o ¿Por el contrario estaríamos en el mismo punto en el que actualmente nos hallamos?

Cuestionarnos estas hipótesis, sin restar importancia a dichos planteamientos, me atrevería a decir que sería entrar en un debate estéril haciéndonos perder el auténtico objetivo de nuestra existencia y de lo que estamos perdiendo como sociedad. Caeríamos en la manipulación, una vez más, de un sistema que ha construido una historia que encaja a la perfección con el régimen, que están construyendo a nivel mundial, utilizándonos como meros instrumentos para conseguir un firme propósito: subyugarnos.

Si estamos al final de un ciclo, de una etapa, luchemos antes de sucumbir por lo que cada día, semana, mes, año, nos están arrebatando: Nuestra LIBERTAD, sí, en mayúsculas. No permitir que hoy consigan aprobar leyes injustas, ejecuten acciones contra la sociedad que la empobrecen a todos los niveles, rechazar la privatización de lo público y un sin fin de ejemplos que podría mencionar, sería entregar un legado transcendental a los futuros herederos.

Si trasladamos, a la civilización venidera, nuestra historia y experiencias desde un punto de vista imparcial, donde se describa todo aquello que hicimos mal y en lo que acertamos, poseerían el conocimiento sin manipular de la verdadera historia, y un punto de referencia para superar lo que nosotros no conseguimos. Aprenderían que la manipulación a la que fuimos sometidos, y los errores propios, fueron el desencadenante de llevarnos casi al borde del abismo existencial. Esa nueva civilización se enfrentaría con otros retos distintos, y esto si tendría el concepto de evolución y de ellos dependería superarlos y secundar el ejemplo de sus antecesores para encontrar el verdadero significado de nuestra vida.

Y cierro este artículo con la misma pregunta con el que lo inicié: ¿A quién le importa?

Ecos del futuro...
Ecos del futuro…