Señales

En una estéril playa de Chipre creció una higuera…

Chipre es la tercera isla más grande del mar mediterráneo. Un enclave estratégico. Por ello, es también una isla dividida. Un golpe de estado en 1974, liderado por grecochipriotas, provocó que el ejército turco invadiera un tercio del territorio y en 1983 autoproclamasen la República Turca del Norte. Desde entonces, la parte norte pertenece a los turcochipriotas y la zona sur a los grecochipriotas (República de Chipre). Una frontera de 180 kilómetros, vigiladas por un millar de cascos azules, las separan. Esta frontera que atraviesa la capital (Nicosia) es conocida como Línea Verde, una zona militarizada.
El conflicto entre ambos bandos causó la desaparición de más de 2000 personas. La búsqueda de estos desaparecidos resultó infructuosa parcialmente, solo 900 cuerpos han sido hallados cuarenta y tres años después. Después de tanto tiempo, lógicamente, muchas de las familias de esos desaparecidos, al igual que de tantas otras en similares situaciones, desistieron en su búsqueda. Sin embargo, para la familia de Ahmet Cemal, desaparecido en junio de 1974 en la localidad costera de Episkopi, y que durante décadas le buscaron incansablemente por toda la zona, esta situación cambiaría.
La insolencia con la que está dotada la naturaleza hizo acto de presencia en forma de un árbol, una higuera. En un terreno inusual, en la playa de Episkopi entre rocas y tierra estéril. Un hombre observó con extrañeza aquella higuera que brotaba por un hueco en una cueva de la playa. Ese hombre era Xenophon Kallis, de nacionalidad griega. Él lideraba el proceso de búsqueda de los desaparecidos en esa parte de la isla. Investigó el terreno sin encontrar otro árbol. Comparó fotos antiguas del lugar y en ninguna apareció árbol alguno. Llegando a la conclusión de que aquel árbol era relativamente reciente y no pertenecía al lugar.
Kallis continuó con sus indagaciones y obtuvo acceso a un informe de Naciones Unidas en el cual se había reportado una explosión en junio de 1974 cerca de donde había crecido el árbol. Pero también encontró un testimonio, el de la familia de Cemal. Un detalle de este le llamó la atención. Curiosamente hacía referencia a lo último que comió Ahmet antes de desaparecer, un higo de su jardín.

Un equipo del CMP (Comité de Personas Desaparecidas) dirigido por Kallis procedió a la investigación del interior de la cueva. Los forenses hallaron tres cuerpos. Uno de esos cadáveres era el de Ahmet Cemal.
En aquella fecha las milicias grecochipriotas expulsaban a los turcochipriotas que había en su territorio, aunque algunos no corrían la misma suerte y desaparecían sin dejar rastro. Este fue el caso de estos tres hombres. Ahmet era miembro de la Organización Turca de Resistencia y fue apresado por ese motivo, junto a algunos compañeros, por los griegos. Fueron trasladados por mar y los encerraron en la cueva. Para evitar dejar algún rastro la dinamitaron. La explosión causó la muerte de Ahmet y sus compañeros, Erdogan Enver y Unal Adil, pero también produjo un orificio en el techo de la cueva. El mismo por el que salía la higuera.
Su hermana Munur, de 87 años, sigue convencida de que la semilla de ese higo por la que brotó el árbol provino de lo que comió Ahmet. Y que gracias al árbol fue posible su localización y la de sus compañeros, 32 años después. El hallazgo se produjo en 2008.
Los forenses discrepan de esa teoría y para ellos no existe conexión entre la higuera y los restos de las personas halladas en la cueva. Estos se encontraban muy distanciados del árbol y por ese motivo era imposible que hubiera brotado del higo que había comido Ahmet.
No obstante, la solitaria higuera, desafiando a su propia naturaleza en aquel terreno inadecuado, fue una señal para Kallis. Una indicación de que algo había alterado el lugar para que estuviera allí, ayudando al hallazgo de los cuerpos.

Han transcurrido 44 años y la isla continúa dividida, a pesar de que es un país miembro de la Unión Europea y la República Turca del Norte no es reconocida internacionalmente. Mostrándonos, con vergüenza, el último muro de la Europa democrática contemporánea.
La Unión Europea se encuentra más preocupada por otras cuestiones que afectaran a todos los europeos. Y en esa vía están trabajando para construir un nuevo muro que nos proteja (incomunique) del resto, pero es uno invisible. Un muro digital. Este muro es conocido con el nombre de: Artículo 13.
Hay que estar atentos a las señales…ningún árbol nace sin una semilla.

 

Actitud.

 

Emocionarse hoy en día es relativamente fácil. Para provocar dicha reacción hay un ejército de algoritmos, el término de moda, programados con tal fin. Sin embargo, no es esta una emoción real. El pasado 15 de octubre leí un artículo en el que se conmemoraba un hecho histórico sucedido hace 75 años en Dinamarca. Y qué duda cabe que el artículo tenía una doble intencionalidad. Por una parte, recordar ese episodio de la historia y por la otra, coincidiendo con el auge del extremismo que estamos padeciendo en diferentes partes del mundo, enviar una advertencia. Aunque esto último no lo tengo muy claro.
Sucedió durante la Segunda Guerra Mundial cuando en abril de 1940 los alemanes invadieron Dinamarca. Sin embargo, fue una ocupación de baja intensidad. Dinamarca junto con Noruega y Suecia eran considerados por los nazis razas puras (superioridad nórdica) y pretendían unirlos a su causa. Por ese motivo, el gobierno danés consiguió un acuerdo con el régimen de Hitler para mantener su autonomía política y garantizar la protección de la comunidad judía, compuesta aproximadamente por unos 8.000 judíos daneses. A cambio, los daneses les proporcionarían productos agrícolas e industriales, y lo más importante para Hitler, el paso libre para las tropas nazis hacia Noruega. El pueblo no se mostró de acuerdo con ese pacto y conforme iba transcurriendo el tiempo la tensión fue en aumento. La resistencia ante la ocupación se intensificó y los altercados y las huelgas masivas eran constantes.
Alemania actuó de forma tajante. Impuso la ley marcial declarando el estado de excepción. Ante esa situación la respuesta del gobierno danés no se hizo esperar y dimitió. El rey, secundando el ejemplo, abdicó.
Una vez obtenido el control total de Dinamarca, Werner Best, general de las SS y jefe de la administración en el país nórdico, solicitó al Führer desjudeizar Dinamarca. El 28 de septiembre de 1943 consiguió la orden de aprobación desde Berlín. La noche del 1 al 2 de octubre sería la fecha señalada. La Gestapo arrestaría a todos los judíos daneses por sorpresa en su propio domicilio y los deportarían trasladándolos por vía marítima desde el puerto de Copenhague a los campos de concentración en el continente.
Sin embargo, antes de ese día la orden fue filtrada. Y el 29 de septiembre durante la víspera de la festividad judía del Año Nuevo en la Sinagoga de Krystalgade (Copenhague), Marcus Melchior el rabino de la Sinagoga interrumpió el servicio religioso y les dijo a los asistentes:

“Tenéis que marcharos inmediatamente de vuestros hogares y no volváis a ellos. Avisad a todos vuestros familiares y amigos y esconderos”

Lo que sucedió a continuación es lo que ayuda a creer en nosotros, los seres humanos. Un compromiso con la humanidad en el sentido más amplio de su significado.
Se inició un despliegue inusual de solidaridad que en aquellos aciagos años escaseaba en gran parte en el continente europeo. En la primera quincena del mes de octubre de ese mismo año, miembros del gobierno, de la resistencia, líderes religiosos, policías, médicos y ciudadanos anónimos se unieron en un objetivo común: salvar a sus conciudadanos judíos. Se utilizaron las casas propias para ocultarlos. Los pescadores trasladaron en pequeñas embarcaciones a todos los judíos posibles, realizando numerosos viajes por el estrecho hasta Suecia. Los médicos y enfermeras utilizaron los hospitales para hacerlos pasar por pacientes, cambiando sus nombres. Los sacerdotes los escondieron en sus iglesias. El resultado de toda esta increíble e improvisada operación fue que la gran mayoría pudieron salvar sus vidas. Fue el único país de Europa occidental ocupado por los nazis que, como indicaba el titular de un artículo, pudo salvar a su población judía.
Siempre he creído, y continúo creyendo que cuando se presentan sucesos históricos (reales) lo hacen en referencia a una historia que sabemos de sobra que se nos ha transmitido sesgada y de manera subjetiva. Pero aún así, sentí una profunda emoción cuando te encuentras con este tipo de gestas realizada por personas, no hablo de patrias, solo de personas motivadas por la dignidad (humanidad), sin nada que ganar y mucho que perder, demostrándonos que la implicación de todos frente a la injusticia de cualquier índole no tiene la fuerza suficiente para triunfar. Y que, con el silencio, la indiferencia y el inmovilismo, nos convertimos en cómplices de esa maldad.
Como veis, el algoritmo triunfó y logró emocionarme. Pese a ello, he intentado ser objetivo y resaltar el hecho que para mí tiene más relevancia, las personas. Esas personas que hace 75 años decidieron romper sus cadenas legándonos un mensaje: todo depende de nuestra actitud.
Y llegado a este punto, mirando nuestro contexto, con todo lo que está sucediendo a todos los niveles, las condiciones en las que vivimos la gran mayoría, los horribles actos que se están produciendo a diario, yo me pregunto ¿Cuál es nuestra actitud frente a todo esto?
Quizá la verdad es que, una vez más, todo esté programado para repetir con otros actores la historia, pero con el mismo trasfondo y lo peor, con el consentimiento de todos nosotros y sin ningún tipo de excusa, porque no nos engañemos, la historia ya la conocemos.

 

 

Autor: Pedro Segura -llenodestrellas.com-