Los Casos Olvidados

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En mi etapa como colaborador en La Cuarta Esfera creé una sección llamada Los Casos Olvidados y que ahora retomo en mi blog para compartir con todos vosotros.
Comenzaré con el material ya divulgado en los programas continuando con nuevos casos que no fueron emitidos.

Los Casos Olvidados, tal y como su nombre indica, tienen el objetivo de divulgar, con toda la información disponible actualmente, aquellos fenómenos producidos en un contexto muy diferente, limitados por la tecnología de aquellos tiempos obstaculizados por el desconocimiento y los prejuicios existentes de la época pero que gracias a la valentía de unos pocos fueron expuestos a la luz a pesar de la presión social y política a la que fueron sometidos.

Esta sección también tiene otra finalidad rendir un pequeño tributo con todo el respeto a esos expedientes X españoles y allende de nuestras fronteras que marcaron el camino a seguir de las investigaciones paranormales.

Y que gracias a ellos es por todo conocido la existencia de situaciones y hechos que nunca tuvieron una explicación racional o posiblemente aún no dispongamos del conocimiento necesario para ello. Esto no impedirá que, como siempre, reflexionemos y seamos críticos con ellos, si es necesario.

Comenzaremos con uno de esos casos olvidados acaecido en España y que lleva por título:

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Desde hace más de un siglo existen testimonios que relatan haber visto unas luces extrañas recorriendo la comarca de El Pardal, una localidad del municipio de Molinicos situada a una distancia de 95 Km de Albacete.

En este enclave situado en el interior de la ladera de una montaña se producen unos inusuales fenómenos lumínicos que han sido avistados por centenares de testigos y que también fueron divisados por las autoridades del lugar llegando estos a perseguirlos y hasta abrir fuego contra ellas pero sin resultado alguno.

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Los testimonios desde tiempos remotos tal y como se recogen en las crónicas de su historia son coincidentes con los acumulados en la actualidad, describiendo estos testigos como son acompañados en silencio en determinados lugares de su geografía por estas luces esféricas que flotan a ras de suelo y se desplazan a velocidades de vértigo.

Los lugareños, relatan que al pasar esta luz cerca de sus viviendas, todo vibra en su interior, y en ocasiones, provoca la caída de enseres ante el asombro de estos.

Hay un punto donde se manifiesta con más frecuencia y está considerado como el epicentro de este fenómeno: La Quéjola. Una zona poco conocida pero de gran importancia histórica y que hace más de 2.600 años que está habitada. Las excavaciones realizadas en la década de los años 90 revelaron grandes cantidades de yacimientos funerarios y de restos antiguos pertenecientes a la cultura griega, romana, árabe y fenicia.

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La mayoría de estos hallazgos guardan un denominador en común: fueron erigidos con la intención de sacralizar el lugar.
Lamentablemente hoy en día se encuentra amenazada por la desafectación de caminos públicos y privados que producirá la eliminación de 151.000 metros cuadrados perjudicando los posibles hallazgos de la zona.

Sin comentarios.

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Continuando con el tema, muchos son los caminantes que relatan el avistamiento de estas desconcertantes luminarias que parecen acompañarlos, siempre silenciosamente, en su tránsito.

Uno de estos relatos lo protagoniza Manuel Macía. Este testigo describe una experiencia inquietante y a su vez extraordinaria. Le sucedió en los años treinta circulando con su bicicleta por la zona para llegar al trabajo, cuando de repente, a sus espaldas, pudo observar una especie de destello. Al principio pensó que se trataba de otra bicicleta. Aquella luz se mantenía a distancia y parecía perseguirle. Manuel comenzó a inquietarse. Anochecía y la tensión se apoderó de él. La luz comenzó a aproximarse adquiriendo una velocidad inusual, y ante su asombro y pavor, lo adelantó a una velocidad vertiginosa y ascendió hacia el cielo.

Pero lo que él ignoraba es que el destino le deparaba, treinta años después, un segundo encuentro.
Esta vez circulaba en coche por el mismo tramo de antaño y de nuevo aquella luz hizo acto de presencia. Manuel tuvo la sensación de que su automóvil perdía la energía, presa del miedo, aceleró consiguiendo dejarla atrás, era como él mismo dijo: como si le estuviera esperando.

A finales de octubre, un pastor de ovejas; Cristino Cuerda Felipe, sería el protagonista, o mejor expresado; víctima, de una experiencia con estas luces extrañas en una fría noche.
Cristino notó que el ganado se resistía a seguir avanzando temerosos de algo. Sin comprender muy bien la actitud de los animales, una luz pequeña de tono rojizo surgió espontáneamente a su paso. Se desplazaba sin hacer ruido a unos centímetros del suelo provocando la estampida de las ovejas.

Durante muchas noches observó esa extraña luz, la cual parecía estar realizando una especie de ritual, siempre salía del mismo sitio y desaparecía en la misma dirección.
Intrigado, una noche decidió acercarse a aquella luminaria. Cuando se encontraba a escasos metros de ella algo le sucedió. Su cuerpo dejó de responderle. No podía moverse del lugar pero era consciente de todo lo que sucedía a su alrededor.

Mientras se encontraba en esa situación observó que el rebaño estaba en el mismo estado que él. La luz flotaba a su alrededor y cambiaba constantemente de posición. Una vez que la luz desapareció todos recobraron su movilidad.

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Hay registrado centenares de testimonios similares con la misteriosa luz como protagonista absoluta por toda la zona, sin embargo otras luces del mismo tipo se reparten por diferentes puntos de nuestra geografía, como por ejemplo: «Luz de Mafasca» en Fuerteventura, «La Luz de Alcolea» en Almería…

Las teorías son variadas. Desde el análisis científico se trata de un fenómeno natural asociado con las tormentas eléctricas, originando destellos luminosos a los que denominan rayos globulares.
Para los investigadores menos ortodoxos el comportamiento de esas luces no obedecen a ningún parámetro conocido y son consideradas: objetos volantes no identificados (OVNIS).

Hay quien conforme con la leyenda de la localidad, están convencidos de que son las almas de los difuntos, ya que el fenómeno es más frecuente entre el 28 de octubre y el 2 de noviembre y se produce en la zona donde se halló un yacimiento funerario.

Y para añadir un dato que, posiblemente, nos invitará a reflexionar, una de las piezas encontradas en los yacimientos arqueológicos «El Timiaterio de la Quéjola» es una pieza única a nivel nacional e internacional, que esta datada en el siglo IV a.d.C., y que todos los que lo han visto, lo relacionan por su forma con la Luz del Pardal.

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Estamos seguros que de producirse estos fenómenos en otros lugares del mundo, tendrían una trascendencia mayor, puesto que aquí se encuentra relegado a una difusión minoritaria debido a los prejuicios que causa los temas de esta naturaleza.

Obviamos que no hablamos de un fenómeno aislado o de un número escaso de testimonios, todo lo contrario, son centenares de testigos con sus correspondientes testimonios y que hasta las autoridades de la localidad han presenciado el fenómeno.

Sin embargo, y a pesar del silencio que se cierne en torno al fenómeno, los habitantes de la comarca continúan avistando esa Luz taciturna que se desplaza por todas las localidades albaceteñas y que parece no querer abandonar el lugar.

Quién sabe si tal vez no lo hace porque ese…es su hogar.

 

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Diversos estudios nos han mostrado la faceta más incomoda y casi tabú de una sociedad que encubre lo verdaderamente importante y enaltece la superficialidad como signo de identidad.
Las indagaciones sobre nuestros orígenes nunca dejan de sorprendernos a pesar de estar sometidas a un filtro constante y transmitirse parcialmente.
Sobre todo cuando esas investigaciones ocasionan un replanteamiento de la historia establecida y nos revelan datos de nuestro comportamiento que, como especie, resultan incómodos de aceptar socialmente.
Para entender mejor lo que expongo, será necesario recurrir a uno de los últimos hallazgos originado en el año 1994 en nuestro país. Nos situaremos en el monte Candu Llendero (Asturias) donde tres espeleólogos gijonenses se encontraban explorando una de las galerías de la cueva El Sidrón y fueron objeto de esa casualidad que suele aparecer en los momentos precisos hallando semienterrados unos restos humanos.
Este descubrimiento fortuito originó una investigación a todos los niveles: geológico, paleontológico y antropológico, que hasta hace menos de un año aun perduraba ya que el hallazgo de esos restos pertenecían a los de una especie extinta: los neandertales.
El descubrimiento fue considerado como el más importante de la Península Ibérica datándose de una antigüedad cercana a los 49.000 años del cual se extrajeron cerca de 2.500 restos óseos y herramientas líticas, es decir talladas en piedra, realizando un análisis exhaustivo del hallazgo.

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De estas investigaciones efectuadas se pudo determinar que dichos restos correspondían a los de un grupo pequeño, compuesto por tres adultos varones y tres mujeres, tres adolescentes de 12 a 15 años y tres niños entre 2 y 9 años, vinculados familiarmente. Habían desarrollado el lenguaje y su piel era clara, sus ojos verdes y el cabello pelirrojo.
Por otra parte, las indagaciones llevadas a cabo por el Proyecto Genoma Neanderthal, concluyeron que algunos genes de estos antepasados, poseían la misma variante que los humanos modernos, por lo que compartían más aspectos con esta especie del que se había pensado anteriormente.
Llevándoles a plantearse un nuevo debate sobre nuestra evolución: ¿Somos resultados de una hibridación o hubo un antecesor común?
Los investigadores encontraron en las mandíbulas de esos ancestros restos de plantas sin apenas valor nutritivo, pero con un alto valor medicinal, lo que puede hacernos conjeturar que fuera posible que conocieran sus propiedades e incluso las utilizaran para su uso medicinal.
Otro dato extraído de los análisis fue que los alimentos encontrados se cocinaron y ahumaron para su ingestión.

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Si nos detenemos un momento y mentalmente proyectamos la imagen de ese grupo humano estableceríamos una analogía con la de cualquier familia contemporánea en su base estructural.
Y es en este punto cuando se revela un dato inquietante. Uno de esos que producen esa incomodidad social a la que aludía al inicio y que se considera un tabú.
Se trata de la evidencia de canibalismo entre ellos pero con el agravante de no existir indicios de que estuviera motivado por un propósito ritual o por una situación de hambruna. Es decir…sin un motivo justificado.

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En estos casos, según la antropología, estaríamos ante un acto de antropofagia puesto que no existió un contexto específico para ello. Pero… ¿Por qué? ¿Qué motivos impulso a esa familia a devorarse entre ellos?
Cuestiones como estas nos adentran en una faceta poco conocida de nuestra evolución como especie y que lleva anexados nuevos interrogantes: ¿Fue el canibalismo parte de esa evolución? ¿Esta residente en nuestro interior y es una expresión de nuestra propia naturaleza?
Posiblemente el miedo que nos produce saber que somos unos auténticos desconocidos y que en cualquier momento, por razones patológicas o desconocidas, podríamos desencadenar la bestia que anida en nuestro interior provoca ese malestar a nivel social la divulgación de estos hechos.
El canibalismo es un fenómeno inmemorial y global registrado en todos los tiempos. Tratar de analizarlo es una tarea complicada y aunque en la actualidad todos los estudios sobre el tema tienen sus propias definiciones, de una cosa estamos seguros, esos razonamientos que tratan de explicarlo no abarcan todas las perspectivas para su comprensión.

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Por ello una vez más nos encontramos obligados a recurrir a las leyendas populares, esas que encierran una sabiduría ancestral y portadoras siempre de un mensaje para ser transmitido a las generaciones futuras.
Como es el caso de una leyenda proveniente de los algonquinos, un pueblo nativo de Canadá y que fueron los primeros habitantes en lo que actualmente es la ciudad de Nueva York. Un pueblo cuyos valores están representados por dos palabras: compartir y cuidar. Una colectividad donde las mujeres, sociopolíticamente hablando, ocupaban idéntico espacio que los hombres… Sin comentarios.
Los algonquinos cuentan que durante los inviernos vaga por los bosques boreales un espíritu maligno que para ellos es la encarnación del mal, al que se le conoce con el nombre de Wendigo. Esta entidad, dotada de un gran poder espiritual, emite una especie de llamamiento a través del viento polar, atrayendo irremediablemente a sus víctimas que suelen ser viajeros confiados, o cazadores que se adentran en la profundidad de esos bosques. Algunas logran huir, las que no… son devoradas.
Los que consiguen escapar quedan poseídos por esa llamada atávica. Cuando retornan a sus hogares están transformados y desprovistos de cualquier atisbo de humanidad en su interior.
Los algonquinos describen que el principal síntoma que estos desdichados presentan es la inapetencia ante los alimentos normales. Se vuelven erráticos y violentos. Al poco tiempo brota en ellos un apetito insaciable y obsesivo por la carne de sus congéneres humanos, convirtiéndolos en una especie de Wendigos.
Desde el punto de vista antropológico, se dice que los algonquinos simbolizaban con esta leyenda el peligro de la avaricia, que transforma a los hombres en bestias cuando sucumben a comportamientos atávicos. Una especie de aviso a los más jóvenes para tomar conciencia del peligro de esa avaricia desmedida.

Continuando con la búsqueda de referencias sobre el tema, en la mitología romana, el dios Saturno, entremezclado con el mito griego de Crono, es representado con la forma de un anciano de una larga barba blanca, provisto de una guadaña y devorando a sus hijos.

Pero no solo las fábulas contienen una alusión directa al canibalismo. Existen otras situaciones no tan lejanas en la Edad Contemporánea que causaron dichas prácticas.

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Una de estas se originó en el año 1933, en Nazino, una pequeña isla del río Ob en la Siberia Occidental, a unos 800 kilómetros de la ciudad de Tomsk. Los lugareños la conocen como: La isla de los caníbales, históricamente como la Tragedia de Nazino. A esta isla fueron deportadas cerca de 6.000 personas, entre las que se mezclaban políticos, indigentes, personas que transitaban sin documentación y delincuentes. Sin ningún cobijo, solo con harina como alimento y en una isla pantanosa. El canibalismo organizado por los «más fuertes» hizo su aparición, tanto con cadáveres como con personas vivas.
Años más tarde, durante el sitio de Leningrado en la II Guerra Mundial, llevó a miles de ciudadanos a la necrofagia, asesinato y canibalismo. Se realizaban cacería por bandas organizadas de ciudadanos comerciando en los mercados con la carne de los que asesinaban.
En ese mismo conflicto (la II Guerra Mundial) se recogen testimonios e informes escritos que las tropas japonesas cometieron ocasionalmente actos de canibalismo contra los prisioneros de guerra aliados.
Hay muchos otros casos pero opino que es suficiente para tener una visión general de la presencia de ese acto en determinadas situaciones bélicas.

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El mundo literario tampoco se queda al margen de dichas referencias presentándose, en ocasiones, de una manera sutil sin que le demos mayor importancia. ¿Quién no ha escuchado de pequeño o leído algún cuento para dormir? Y coges uno al azar y lees su título: Hänsel y Gretel, de los Hermanos Grimm, pero si lo lees detenidamente encuentras que se describe un claro acto ritual de canibalismo.
Recordemos su argumento; una ancianita recoge en su casita de chocolate a Hansel y Gretel dos hermanos abandonados en el bosque. Pero la ancianita resulta ser una bruja. Encierra al niño en una jaula para engordarlo y posteriormente comérselo, mientras la niña es esclavizada. Y dicen que es un cuento infantil.

William Shakespeare escribió: Tito Andrónico. Una tragedia donde se describe como Tito Andrónico, un general romano, tras sentirse engañado mata a sus rehenes y con sus cabezas prepara unos platos que ofrece en un banquete en honor del emperador.

¿Locura, venganza? Lo que es evidente es el recurso del canibalismo, una vez más, como un acto pensado para una finalidad concreta.

Y para cerrar este aporte literario, tenemos al genial Edgar Allan Poe con su novela La narración de Arthur Gordon Pym, que aparte de llevar una mención al tema, tiene un curioso sentido visionario.
En ella, su protagonista Arthur Gordon, atraído por la vida marinera se ve involucrado en un acto de canibalismo para sobrevivir en alta mar siendo la víctima un grumete Richard Parker el cual es sacrificado siguiendo la ley del mar en caso de naufragios.

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Cuarenta y seis años después de la publicación de la misma, se produjo un naufragio de la embarcación Mignonette en 1884. Los supervivientes, cinco marineros en total, aguantaron durante semanas en las más extremas condiciones. Uno de los más jóvenes, enfermó por la ingestión de agua de mar y enloqueció. Lo mataron y utilizaron su cuerpo como alimento. Tenía 17 años y sabéis cual era su nombre: Richard Parker.

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Iniciamos ya, la recta final de nuestro viaje sin olvidarnos de la presencia, aunque resulte simbólica, que se manifiesta en muchas de las religiones existentes en el mundo, como es en el caso de la religión católica.

En el Nuevo Testamento y en el evangelio de Juan capítulo 6,54 se dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día
Resulta curioso que el objetivo de su liturgia tenga semejanza a un acto de canibalismo, al que denominan como sacrificio eucarístico. Cuando un creyente comulga lo hace convencido del acto de recibir la carne y sangre de su Dios. Y para ellos es lo correcto ya que se trata de un acto de fe.

Algo que muchas otras religiones y tradiciones tenían en su dogma y fueron erradicadas en el pasado por cruzadas emprendidas por aquellos que se autodenominaban portadores de la verdad absoluta y consideraban a esas otras creencias como salvajes.

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Este ha sido un recorrido por uno de los temas tabús de la sociedad, pretendiendo darle una perspectiva diferente evitando los casos y hechos más conocidos por todos. Centrándome más en la influencia que ha ejercido socialmente y en el rechazo que manifiestan las instituciones ante este tipo de investigaciones.

A pesar de que siempre se utiliza como lema que este tipo de indagaciones tiene como objetivo la búsqueda de la verdad, sabemos perfectamente que cuando te topas con una pieza que no encaja con la verdad institucionalizada saltan las alarmas activándose los protocolos establecidos para el caso.

Y aunque la noticia se difunda y llegue al conocimiento de todos, pasará fugazmente, causando un revuelo calculado para posteriormente caer en el olvido intencionado.
El sistema no permitirá nunca ningún elemento desestabilizador que pueda poner en riesgo gran parte de ese montaje que han elaborado en torno a la verdad. Y menos si existen indicios que puedan alterar la concepción social de ciertos comportamientos humanos o cuestionar en parte nuestro origen.

Pero el ser humano es curioso por naturaleza y esa curiosidad ha sido, y es, el motor que dinamiza nuestro progreso y conocimiento, facilitando nuestro encaje en ese proceso al que denominamos “evolución”.

Investigar nuestro pasado libre de manipulaciones y prejuicios es una obligación para vivir entendiendo el presente y poder construir nuestro futuro. Porque aunque no se quiera aceptar, seguimos comportándonos como monos, pero sin excusas que valgan ya que ellos realizaban determinados actos guiados por un instinto primario, pero nosotros…

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El incidente de Tunguska a pesar del mutismo oficial y la escasa difusión del mismo demostraron a la URSS y posteriormente al resto del mundo nuestra fragilidad como especie. Un acontecimiento que arrasó una gran extensión de terreno a una distancia de más de 3.000 Km de Moscú. De haberse originado en la capital, millones de personas habrían perecido aquella madrugada del 30 de junio sin que les hubiera dado tiempo a despertarse.

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Un suceso único en el planeta y con numerosas inconsistencias resultando complicado catalogarlo como un fenómeno natural. Muchos de los testimonios recogidos aseguraban haber visto sobrevolar un objeto desde distintas ubicaciones antes de la explosión. En las descripciones se producían ciertas discrepancias entre la forma y su luz. Para unos era un objeto volador de color rojizo» y para otros «un objeto de color blanco azulado similar a una estrella». Pero todos coincidían en que se trataba de una luz muy distinta a las que habitualmente se observaban en el cielo y que por su comportamiento no era identificable con ningún objeto conocido.

Sin embargo una vez finalizada la II Guerra Mundial se contempló una nueva teoría basada en la posibilidad de que la explosión fuera como consecuencia de un ataque a distancia perpetrado por algunos de sus enemigos y que resultó fallido en el objetivo. Una sospecha que aumentó al encontrarse supuestas pruebas que podrían argumentar esta teoría.

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Cuando Alemania fue dividida por los ejércitos aliados se dice que encontraron planos elaborados por los nazis en los que se detallaban nuevos modelos de aviones y prototipos de armamentos desconocidos con un gran poder destructivo con los que pretendían ganar definitivamente la guerra. De ser cierto dicho hallazgo se desconoce cómo fue el reparto del mismo entre los aliados. Si bien no se ha podido demostrar, debido a la falta de evidencias, no es descabellado pensar que algo de verdad podría haber en esta suposición.

Se formaron dos bloques en el mundo después de la II Guerra Mundial la URSS y los EE.UU., originando el período que todos conocemos con el nombre de Guerra Fría. Una etapa de alta tensión protagonizada por dos potencias antagonistas.

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La situación se fue agravando con el paso de los años hasta alcanzar un grado de hostilidad casi insostenible con el riesgo real de una confrontación entre las dos potencias, al menos eso era lo que se escenificaba.

En la URSS nunca se olvidó el devastador efecto provocado por el evento de Tunguska. El coronel soviético Alexander Kazantsev estableció una inquietante semejanza con las dos bombas nucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki asegurando que los efectos fueron los mismos. La teoría de un ataque a distancia parecía ganar terreno y adeptos.

Todo esto impulsó a la URSS a emprender distintas líneas de investigaciones sobre el incidente ya que al parecer el propio Stalin estaba interesado y no descartaba la posibilidad de que un objeto volante no identificado fuera el causante de la explosión.

Y para acrecentar más aún el interés por los no identificados el cielo se convirtió en el escenario de acontecimientos extraños teniendo como protagonistas absolutos… unas luces desconocidas.

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Numerosos casos de avistamientos se originaron en aquella época. Stalin prohibió bajo su mandato cualquier tipo de investigación y divulgación sobre estos temas, pero internamente se investigaron y elaboraron informes sobre los mismos. Según datos extraídos por sus cronistas, Stalin estuvo siempre muy interesado por el fenómeno de los no identificados.

Y lo demuestra el envió de una insólita citación a Serguéi Koroliov, científico y diseñador de cohetes en el Kremlin. Posteriormente fue diseñador principal del programa espacial soviético. Todos temían lo peor. Koroliov era un ex prisionero del Gulag y se encontraba siempre vigilado y bajo sospecha por lo que dicho requerimiento no parecía presagiar nada bueno para él.

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Sin embargo Stalin no lo había requerido por motivos políticos. Stalin estaba indagando los rumores que llegaban hasta él sobre la supuesta captura de un platillo volante en Roswell, Nuevo México, mostrando ante el asombro de Koroliov, multitud de informes sobre avistamientos y testimonios documentados con fotografías realizados en la Unión Soviética.

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Allí se encontraba Koroliov cara a cara con el máximo mandatario en una situación insólita. Por un momento pensó que se trataba de un engaño para tener motivos de acusarle de nuevo pero rápidamente descartó dicho pensamiento cuando el propio Stalin le dijo que quería que estudiara los casos y le diera su opinión científica.

Dispuso para dicha labor un apartamento especial para Koroliov y le dio tres días para llevar a cabo dicho encargo, siempre bajo vigilancia policial.

Una vez finalizado el plazo Stalin lo citó de nuevo. El científico no dudo en afirmar que el fenómeno era real y que esos objetos volantes (ovnis) no eran vehículos enemigos y obviamente no presentaban una amenaza. Añadió también que por el comportamiento de dichos objetos parecían evidenciar que estaban tripulados. Una opinión que no provocó en Stalin asombro alguno. Al parecer otros colegas de Koroliov habían opinado de la misma forma.

Aún así el Kremlin continuó con su política de prohibición y negación sistemática del fenómeno, no estaba dispuesto a compartir el resultado de las investigaciones secretas que en torno al fenómeno se habían realizado y las que seguirían produciéndose en los años venideros.

Imagino que el paralelismo de esta postura con la que actualmente se mantiene poco puede sorprender, pero sí que podemos observar que la actitud política frente al fenómeno sigue siendo la misma después de más de un siglo y bajo cualquier régimen.

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Desde la clandestinidad numerosos grupos de civiles interesados en el fenómeno ovni clasificaban los casos y recogían los testimonios realizando una profunda investigación de campo. Una actividad bajo amenaza policial por estar considerada ilegal.
En medio de toda esta situación surge un tal Felix Ziegel doctor en matemáticas y astronomía, considerado el padre de la ufología soviética. Ziegel participó activamente en las investigaciones sobre el fenómeno. Sus indagaciones estaban focalizadas en averiguar el origen de esos objetos no identificados.

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Organizó conferencias secretas exponiendo las conclusiones de sus indagaciones. En todas ellas solicitaba la participación activa de los ciudadanos soviéticos en el caso de ser testigos o de informar si conocían a alguien que hubiera tenido un avistamiento.

Gracias a esas labores clandestinas tenemos testimonios tan interesante como el de Apraksin, un piloto de pruebas soviético que tuvo dos avistamientos ovnis. Uno el 16 de junio de 1948 encontrándose en pleno vuelo a 10.500 m de altitud y otro en 1947. En ambas situaciones el piloto persiguió al objeto y éste reacciono hostilmente y casi no sale vivo de su segundo encuentro.

Apraksin estuvo hospitalizado dos meses y medio. Según su relato el ovni le lanzó un haz de luz dañando el equipo eléctrico, el sistema de comunicaciones y quebrajó el cristal de la cabina.
Este testimonio fue proporcionado por samizdat una publicación clandestina dedicada a la divulgación ufológica soviética y a la literatura prohibida y que era leída por un gran porcentaje de la población.

Entre los años 50 y mediados de los 60 se registraron más de 15.000 avistamientos de ovnis. Todos ellos certificados por los pilotos de las fuerzas aéreas soviéticas. Descartando aquellos causados por fenómenos naturales, invasiones del espacio aéreo por satélites espías, el resto no tenían explicación.

Es obvio que la sociedad soviética era consciente y partícipe de los fenómenos que se producían en sus cielos. Pero el hermetismo al que estaba sometido el tema ovni se convertía en una barrera casi infranqueable.

Para colmo las pocas noticias que se filtraban eran manipuladas por la política occidental, lo que nos ha llevado a un profundo desconocimiento y a una falta de reconocimiento de la importancia que el fenómeno tuvo en Rusia.

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Bakú es actualmente la capital más poblada de Azerbaiyán y es conocida como la ciudad de los vientos por la intensidad de los mismos que la azotan durante todo el año. Durante la II Guerra Mundial fue objetivo de la Alemania nazi por sus campos petrolíferos. Y fue en esta zona donde se produciría un extraño avistamiento. Y digo lo de extraño puesto que los testigos no fueron autóctonos del lugar sino que fueron un grupo de infiltrados estadounidenses que realizaban un viaje en tren con el objetivo de recoger información (espiar) sobre ciertas filtraciones que indicaban que los soviéticos realizaban ensayos de armas y vehículos experimentales.

El 19 de octubre de 1955, dicho grupo se encontraban a bordo de un tren con destino a Tiflis la capital de Georgia y cuando atravesaban la zona de Bakú observaron unos extraños objetos luminosos en el cielo.

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La zona era llana sin edificaciones o instalaciones de cualquier tipo. El cielo estaba despejado y comenzaba a oscurecer. Y en ese momento divisaron varias luces de color rojizo que ascendían verticalmente. Una de ellas se acercó al tren sin producir sonido alguno. Pasó por encima del tren iniciando un rumbo horizontal hasta desaparecer en el cielo. La observación duró entre 6 o 7 segundos.

Según describieron posteriormente los testigos en el informe realizado para sus superiores los objetos avistados eran similares a los del Proyecto «Y» de las Fuerzas Aéreas Norteamericanas.

El Proyecto «Y» dirigido por John C.M. Frost, consistía en el diseño de una maquina voladora con forma de ala circular. Supuestamente se cree que la idea original fue obtenida a raíz de la confiscación de los planos nazis después de la Segunda Guerra Mundial.

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¿Es posible que los soviéticos obtuvieran la misma información y estos la hubieran desarrollado antes con éxito? De ser así era evidente que iban por delante tecnológicamente hablando de sus adversarios.

O por el contrario también eran desconocidos para ellos esos objetos volantes…

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Entre 1957 a 1969 la Unión Soviética emprendió una acelerada carrera tecnológica asombrando al mundo, en particular a los Estados Unidos, su principal adversario, con sus avances en el terreno aeroespacial.

Una situación insólita para un país que antes de la guerra solo disponía de caballos y armamento liguero para luchar contra su enemigo y que tecnológicamente era inferior a ellos.

El caso es que ambas Naciones experimentaron una celeridad tecnológica inusual. Es como si tanto una como otra hubieran obtenido información y conocimientos avanzados para el contexto en el que se hallaban.

Y eso nos lleva a plantearnos diversas preguntas ¿fue a consecuencia de esa supuesta información nazi? ¿Localizaron o contactaron con algún tipo aparato volante no identificado? o ¿tan solo fue el progreso humano?

Hay disponible una gran cantidad de casos antes y durante la guerra. Informes directos del ejército soviético informando de extraños objetos voladores sobre sus tropas y los campos de batalla. Y no cabe duda alguna que esos casos fueron investigados y quién sabe hasta donde llegaron en sus indagaciones.
Nada se puede asegurar ni siquiera que todo lo que aquí expongo sea real. El nivel de manipulación ejercida por los gobiernos respectivos durante siglos ha sido feroz y han adaptado un «guión» basado en la historia pero en el que solo nos cuentan lo que más le conviene a sus intereses políticos..

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La pieza central de todo es un rompecabezas al que denominamos Historia. Siempre nos faltan piezas o utilizamos unas que no encajan con su imagen. La Historia es una herramienta muy útil para quién gobierna. Con ella nos manipulan y nos influencian en nuestras creencias a todos los niveles.

Hábilmente han tejido una red de información ambivalente adaptándola según les convengan utilizando como objetivo primordial nuestras emociones. Todos desearíamos descubrir la verdad sobre los misterios que durante nuestra existencia nos han acompañado y que en la actualidad continúan sin revelarse.

El fenómeno OVNI es la columna vertebral de todos los misterios. Y es así porque conlleva una respuesta a la pregunta que los seres humanos hemos realizado a las estrellas. Y porque hay una voz en nuestro interior susurrándonos que formamos parte de ellas.

El fenómeno OVNI posee la cualidad de generar emociones en todos los que creemos en él y eso se convierte en una debilidad que aprovechan determinados grupos y corporaciones.

Recientemente se ha puesto a disposición de los ciudadanos la supuesta desclasificación de 80 expedientes de avistamientos «Expedientes OVNI» por el Ministerio de Defensa y se dice que han sido «obligados por la ley de la libre información» ¿De verdad hay alguien que crea que en ellos vamos a encontrar material sensible?

Esos expedientes son los que ellos consideran conveniente de revelar porque no aportan ni contradicen nada y forman parte de un proceso de desclasificación iniciado en los años 90 pero se utilizan como un medio de distracción ante la insoportable situación social que atravesamos.

Otro de los problemas al que se enfrenta el fenómeno es que no se investiga la naturaleza del mismo. La mayoría de sus investigadores se dedican a interpretarlo proyectando una imagen distorsionada pero que casi siempre les genera un lucro y un protagonismo mediático autoerigiéndose como autoridades en la materia y portadores de la verdad.

Es por ello que en los últimos años estamos observando una especie de sacralización del fenómeno por parte de ciertos autores ayudando a fortalecer determinados dogmas. Encontrando paralelismos sospechosos entre religión y fenómeno OVNI.

Para finalizar me atrevo a afirmar que el 98% de los casos ovnis contemporáneos son más terrestres que extraterrestres. Y personalmente me vale con ese 2% para creer en la naturaleza del fenómeno.

Pero sin atribuir procedencia ni intencionalidad alguna porque me gustaría hacerle justicia por lo que es y no por lo que desearía que fuera.

 

 

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El ser humano independientemente de sus creencias ha contemplado el cielo con el propósito de obtener las respuestas a muchas de sus incógnitas, sobre todo a la más transcendental; nuestro origen y procedencia.

Esa inquietud ha llevado a la humanidad a estudiarlo en profundidad. Ha creado mecanismos que nos permiten calcular distancias, clasificar estrellas, descubrir galaxias y conseguir ubicarnos para constatar que nos hallamos en el brazo de una galaxia en espiral y solo somos un diminuto punto en el Cosmos.

El conocimiento de todo ello, inevitablemente, origina otras cuestiones relacionadas con esa comprensión ¿No hay nadie ahí afuera? ¿Somos una excepción? ¿Un accidente?

Nadie parece tener la respuesta pero existen datos que, si bien no responden a esas preguntas, sí que abren vías de aproximación a una posible respuesta.

Esos datos los hallamos en la historia de nuestro pasado, reflejados en escritos, tradiciones y pinturas legadas por nuestros ancestros, encontrando en ellas referencias a lo que hoy conocemos como avistamientos, contactos e incluso abducciones.

También en leyendas de épocas remotas, o incluso en textos religiosos, nos percatamos de que lo descrito en ellas, eran avistamientos de objetos y luces que se desplazaban en el cielo sin obedecer a causa natural alguna: OVNIS.

El fenómeno OVNI ha sido investigado durante más de un siglo generando teorías de todo tipo y creando a su vez desinformación. Un fenómeno real y que parece haber acompañado a la humanidad desde sus orígenes sin que existan fronteras para el mismo pudiendo afirmarse de que estamos ante un fenómeno de carácter global.

A pesar de ello, siempre se le ha ubicado en una zona determinada del planeta, desde donde nos han llegado las principales investigaciones sobre el mismo, obviando o menospreciando aquellas otras noticias procedentes de otras regiones por motivos políticos.

Lo que expondré en este artículo son investigaciones que se apartan de esa tendencia interesada en ser protagonistas de un fenómeno que nos pertenece a todos, indagaciones sin prejuicios de ninguna clase y solo atendiendo a la naturaleza del fenómeno.

Recorreremos las heladas tierras de la extinta Unión Soviética una zona que sigue en la actualidad casi desconocida para conocer casos sobre objetos volantes no identificados que, algunos de ellos, permanecieron ocultos durante muchos años sin revelarse al mundo.

Si queréis acompañarme…

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Existen en las crónicas rusas, descripciones de extraños objetos y luces que sobrevolaron en la noche de los tiempos por el cielo que fueron avistadas por testigos de toda clase y condición. Estas anomalías eran conocidas con el nombre de znameniya, que en ruso significa signos.

En el siglo XVII, este tipo de testimonios experimentaron un fuerte auge. Algunos testigos aseguraban haber visto extraños soles flotar en el cielo, otros describían columnas incandescentes emitiendo rayos que iluminaban el cielo.

También abundaban los testimonios de extrañas nubes de colores que se desplazaban en dirección contraria al viento despidiendo luces desde su interior.

Por su tipología y naturaleza, y asociándolas con el conocimiento actual que tenemos sobre este tipo de anomalías, estarían catalogadas dentro del fenómeno OVNI.

Uno de estos episodios, y que posee un halo fascinador, lo protagoniza un cronista árabe; Ahmed Ibn Fadlan.

Sucedió en el año 921 de nuestra era, Ahmed formaba parte de una embajada enviada por su califa, con la misión de mediar con el rey de los búlgaros en las lejanas tierras del Volga.

Este historiador, célebre por las descripciones que dejó por escrito en sus crónicas de sus vivencias con los vikingos, relató que en el curso de esa expedición, avistaron inquietantes luces en el cielo semejantes a bolas de fuego, sin ninguna señal de tormenta que pudieran originarlas. Nunca antes habían presenciado nada parecido, y eso, les generó una sensación de peligro que les acompañó durante toda la expedición.

Una vez alcanzado su destino, acomodados en Palacio, se convertirían en testigos involuntarios de un fenómeno aún más asombroso que el de su viaje. Poco antes del atardecer, se produjo un estruendo ensordecedor proveniente del cielo, cuando alzaron la vista, observaron como el horizonte se tenía de un color rojo resplandeciente, y una nube roja llameante se movía sobre ellos. De repente, otra nube igual a la primera apareció ante ellos.

Ante la estupefacción de estos esas nubes comenzaron a realizar una extraña danza; se desplazaban en el cielo, se acoplaban unas con otras, para luego separarse, incluso, creyó ver siluetas en su interior. El espectáculo continuó hasta el anochecer.

El miedo se apoderó de los recién llegados, que se arrodillaron para rezar a lo que ellos interpretaron como una señal divina. Las risas de los locales ante ese comportamiento, confundieron a Fadlan. ¿Por qué ellos no sentían temor ante lo sucedido?

Como si hubieran leído su mente le respondieron que «esas batallas en el cielo«, así era como los lugareños llamaban a estos fenómenos, se sucedían todas las noches y que incluso en muchas ocasiones les habían ayudado a vencer a sus enemigos.

Fadlan quedó tan asombrado por la experiencia vivida, que la transcribió en un relato al que curiosamente tituló: Risala y que en árabe significa mensaje.

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Otra de las crónicas que a continuación expondré nos aporta detalles y descripción que asombran por la precisión y que fue posible gracias a la decisión de Farmer Levka Federov, un campesino testigo del avistamiento, que informó mediante una carta al Monasterio de San Cirilo y que la misma fue preservada por la Comisión Arqueográfica aportándonos este valioso informe.

Sucedió el 15 de agosto de 1663 en el lago Robozero, en la comarca de Vólogda, a unos 500 km. al norte de de Moscú. Era un día despejado y se celebraba la festividad religiosa de la Asunción de la virgen María, en aquella época Rusia estaba bajo el reinado del zar Alejo I, un monarca devoto y adepto de la ortodoxia más pura. En aquel tiempo el pueblo ruso había adoptado, por imposición, el cristianismo. Por ello, aldeanos y pescadores de la región acudieron a la iglesia del pueblo, ubicada a 2 Kilómetros del lago, para oficiar una misa.

Una vez dentro de la iglesia y en plena oración, escucharon un estruendo proveniente del exterior. La mayoría, salieron fuera para ver lo que sucedía, y antes sus incrédulos ojos sobre la superficie del lago distinguieron una enorme esfera en llamas desprendiendo un humo azulado. Ante esa terrorífica e incomprensible visión, corrieron despavoridos para refugiarse en el interior de la parroquia y pedir auxilio con sus rezos.

Esa esfera fue avistada desde distintos puntos de la zona, y algunos de los pescadores, que se encontraban en el lago, sufrieron graves quemaduras por la proximidad con ella. Hasta los peces huyeron hacia la orilla a consecuencia de las altas temperaturas que el agua alcanzó ante la presencia de la esfera.

Por la descripción que los testigos oculares realizaron sobre el objeto, se pudo calcular sus dimensiones, así como otros detalles sobre su comportamiento. Se trataba de un objeto esférico de más de cuarenta metros de diámetro y de una altura equivalente a la de un edificio de quince plantas. Este objeto sobrevoló el lago y permaneció en suspensión durante una hora y media. En ese tiempo, y según las descripciones de los testigos, la esfera emitió algo parecido a dos haces luminosos, que ellos identificaron como lenguas de fuego, extendiéndose por todo el lago y causantes, seguramente, de las quemaduras de los pescadores y las altas temperaturas alcanzadas en el agua del lago. Posteriormente, la esfera se elevó y desapareció en el cielo.

Sin duda, un caso que puede recordarnos por analogía a otros más actuales sucedidos en distintas zonas del planeta.

Continuaremos con nuestro viaje por este inmenso país, para adentrarnos en una de sus regiones más extensa y enigmática: Siberia. Con su enorme extensión: 13,1 millones de kilómetros cuadrados representa aproximadamente el 76% del territorio de Rusia, compuesta por zonas pantanosas y boscosas, conocidas como taigas, donde los veranos son breves y los inviernos crudos. Por algo los turcos la conocían como la Tierra dormida. Actualmente, aun existen zonas inexploradas, quien sabe si guardando algún misterio por revelar.

El acontecimiento siguiente, acrecienta esa sospecha, pues es en esta zona donde se produciría un suceso que marcaría un punto de inflexión sobre el tema.

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Ocurrió en el año 1908. Un año en el que se produjeron numerosos fenómenos atmosféricos, algunos de ellos inusuales en la zona: Estruendos provenientes del cielo sin atisbo de tormentas, auroras boreales que aparecían en lugares donde nunca antes lo hicieron, nubes de colores moviéndose extrañamente en el cielo… Todos estos fenómenos incomprensibles, fueron registrados como algo natural sin más.

Pero tal vez, como a continuación entenderéis, anunciaran la proximidad de un acontecimiento que, actualmente, sigue siendo tema de debate en la comunidad científica.

En la madrugada del 30 de junio de aquel año, la mitad del planeta tembló. Una colosal explosión que devastó la región de Tunguska fue la causa. Los datos obtenidos a lo largo de más de un siglo de investigaciones, detallan unos efectos colaterales que palidecen a cualquiera y nos demuestra lo vulnerable que somos.

Sabemos que a consecuencia del estallido, millones de árboles de la zona fueron arrasados en un radio de cincuenta kilómetros y estuvieron ardiendo durante semanas, esparciendo las cenizas por el aire a todos los rincones del globo. Toda la zona inmediata y sus alrededores quedaron arrasados.

Las ondas sísmicas provocadas por la explosión fueron detectadas por las estaciones sismográficas de distintos países del planeta, y están clasificadas como unas de las más fuertes registradas en el mundo, afectando, inclusive, al campo magnético terrestre.

Durante 72 horas, la noche desapareció en Siberia occidental y Europa. El brillo del cielo en toda Europa del Norte alcanzaba para iluminar las calles de Londres.

Se calcula que la fuerza de la explosión fue de 40 megatones, es decir 2000 veces la potencia de la bomba atómica lanzada en Hiroshima (Japón) en 1945.

Sin embargo, y a pesar de la excepcionalidad del evento, no se investigó hasta pasado 13 años. En aquel periodo Rusia se encontraba sumida en un periodo de convulsión y quiebra social, su participación en la Primera Guerra Mundial, y la transformación que el país experimento tras la revolución bolchevique. No constituía un marco apropiado que motivara el interés científico por el suceso acaecido.

Tras ello y una vez instaurado el nuevo régimen, se organizó la primera expedición científica en 1921. Leonid Kulik un mineralogista ruso, famoso por sus investigaciones sobre meteoritos caídos en el país, lideró la expedición.

Debido a las duras condiciones climatológicas del interior siberiano, Kulik, no logró alcanzar el área del impacto.
Eso no desmoralizó a Kulik, dedicándose a buscar testigos locales de aquel acontecimiento. Los lugareños de la zona, al principio, se mostraron reticentes, pero terminaron por relatarles lo que vieron aquel día.

Según estos, aseguraron que antes de la explosión vieron sobrevolar lentamente un objeto luminoso de Este a Oeste y que luego cambió su dirección. Este dato desconcertó al científico; se trataba de un comportamiento anómalo en este tipo de fenómenos, era algo improbable que el meteorito variase su trayectoria, pero la respuesta, pensó Kulik, la obtendría una vez que pudiera investigar la zona del impacto.

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Seis años después, en 1927 emprende una segunda expedición, alcanzando, esta vez, su objetivo. Un panorama desolador se descubrió ante él; un área aproximadamente de 2.150 km2 de bosque había sido arrasada. Árboles partidos en dos yacían a ambos lados. Cuando llegó al epicentro del impacto, pudo observar que los árboles de la zona se encontraban en pie, aunque sin ramas algunas, como si fueran postes telefónicos. Pero kulik, se encontraba confuso, no solo por la virulencia del impacto, sino por la ausencia del cráter que tuvo que originarse al haber impactado el meteoro.

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Kulik y su equipo realizaron un minucioso reconocimiento de la zona en busca de fragmentos del bólido, alguna prueba de lo que supuestamente se estrelló en el bosque. Por el estado del terreno y sus alrededores, el objeto debería de ser de gran tamaño y era imposible que no existieran restos del mismo.

La búsqueda resulto infructuosa, no localizaron ningún cráter ni fragmentos del meteorito. Una vez más, Kulik, decidió investigar en las aldeas de los alrededores y preguntar a los lugareños.

Y fue en Vanavara, una pequeña aldea situada a sesenta y cuatro kilómetros de Tunguska (Siberia), donde un hombre le relata en primera persona de lo que fue testigo aquel lejano día.

 

«Serían las siete de la mañana, yo estaba sentado en el balcón de un establecimiento comercial en Vanavara, cuando de repente siento como algo invisible me empuja de mi asiento y mientras estaba cayendo, como si todo fuera lentamente, observo como el cielo se parte en dos, el cielo pareció arder, y en ese momento, hubo una explosión y un gran estrépito, seguido por un sonido como de piedras que caían desde el cielo, y la tierra… tembló. Tuve que desprenderme de mi camisa porque parecía estar ardiendo».

Con este testimonio, Kulik fue consciente de la magnitud de la explosión. Y durante catorce años de su vida se entregó a la ardua tarea de buscar una respuesta, encabezando varias excursiones a la zona, que le ocasionaron situaciones de riesgos, las cuales, sorteó gracias a su formación militar.

Kulik había servido en el ejército ruso y participado en la guerra ruso-japonesa de 1904, donde fue apresado. Nunca vaciló en utilizar su experiencia en combate ante situaciones que él consideraba hostiles y entorpecían sus investigaciones, todo un Indiana Jones a lo ruso.

Pero a pesar de toda su perseverancia, su búsqueda resultó ineficaz. Debido a ello, en 1939, Moscú decidió recortarle los fondos destinados a la investigación.

Soplaban vientos de guerra y Stalin se preparaba para ella. El interés del gobierno en la investigación de Kulik estaba motivado, principalmente, en la obtención de un material que le sería de gran utilidad para la guerra: Níquel y que Kulik les aseguró poder extraer del meteorito caído.

La guerra era inevitable y en 1941 las tropas nazis invadieron su patria, el deber le llamó y Kulik muere en 1942 al caer prisionero de los alemanes.

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Pero nos dejó un importante legado: las investigaciones realizadas, archivos de películas y fotografías sobre Tunguska que sentaron las bases del estudio sobre este fenómeno.

Actualmente todo parece indicar que la explosión se produjo en el cielo por lo que obviamente no existe cráter de impacto. Eso explicaría el porqué los árboles de la zona del epicentro permanecieron en pie pero sin ramas, pero no responde a la pregunta de qué fue lo que originó el fenómeno.

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La mayoría de los astrónomos coinciden en la teoría de que el bólido de Tunguska fue un cometa que se volatizó antes de tocar suelo, pero no se ha podido demostrar por la ausencia de pruebas, por lo que todas las hipótesis están abiertas.

Hay otros testimonios recogidos en los que se avista al objeto pero de distintas ubicaciones, y según estos, tenía una forma oval. Un pasajero del tren transiberiano declaró que vio un objeto brillante en el cielo moviéndose de la derecha a la izquierda.

Algo a destacar en los testimonios y que es coincidente en todos, es el cambio de trayectoria del objeto antes de estallar, un dato que altera el paradigma científico aplicado al comportamiento de cualquier bólido celeste que penetra en nuestra atmósfera.

Dispuestos a conjeturar podríamos pensar que se trataba de dos objetos distintos, o como otros investigadores rusos sugirieron en 1991 la posibilidad de una interceptación para evitar una catástrofe sin precedentes.

Lo que en ese caso abriría otro interrogante: ¿Quién en aquellos años disponía de esa tecnología para interceptar el objeto?

Las consecuencias que ocasionaron la explosión en el medio ambiente no suelen ser referenciadas pero resultan inquietantes ya que causaron una extraña radiación que provocó una regeneración acelerada de la taiga.

Análisis genéticos localizaron extrañas mutaciones en el RH de muchos nativos de la región de una de las aldeas próximas a la explosión. Así como alteraciones en determinados insectos como son las hormigas.

Después de todo lo expuesto, de una cosa estamos seguros, y la ciencia así lo admite. Tunguska fue el mayor enigma cósmico del siglo XX. Un fenómeno sin resolver y único en la historia de nuestra civilización, lo que dificulta las investigaciones ante la carencia de referentes.

El secretismo con el que la extinta Unión Soviética desarrolló las investigaciones sobre el fenómeno de Tunguska, inevitablemente, nos hace dudar sobre las explicaciones oficiales surgidas en torno al fenómeno y relacionarlo con los no identificados que sobrevuelan nuestros cielos sin aviso alguno.

En la segunda parte, continuaremos con la divulgación de otros casos de ovnis soviéticos y el entramado creado por parte de los organismos oficiales encargados de investigar estos fenómenos.

Mientras tanto… no olvidéis de mirar al cielo.